Usted no sabe quién soy yo…y los espectadores tampoco

Usted no sabe quién soy yo...y los espectadores tampoco

Me paso toda la película esperando que salga Hermann Goering, el temible general nazi, pero no hay manera, Goering no aparece. Digo yo que en algún momento tiene que aparecer, porque la película trata sobre él, más concretamente sobre los días previos a su suicidio durante los juicios de Nuremberg. La película, lo habrán adivinado, se llama “Nuremberg”. El que sí sale todo el tiempo es Russell Crowe, porque no cabe duda de que ese señor gordo es Russell Crowe. Efectivamente está muy gordo y se ha comprado un disfraz muy pomposo, de militar de alto rango con muchas medallas. El actor no para de repetir que es Hermann Goering. Lo dice vestido de esa suerte, con esa guerrera celeste con la que parece un miembro de los Village People. Russell Crowe se parece a Hermann Goering tanto como un tractor a un aguacate. En realidad se parece más a Carlos Latre caracterizado de Hermann Goering. El empeño de Crowe en ser quien no es tiene algo de fanatismo lunático, como esos locos de manicomio decimonónico que se creían Napoleón.

No es ningún secreto que Russell Crowe no es buen actor. En “Gladiator” logró convencernos porque nos pilló desprevenidos. Éramos más jóvenes. Además en su papel como Máximo Décimo Meridio no intentaba parecerse a nadie. Era un personaje de ficción sin un referente real. Pero ahora todos conocemos al actor y sabemos que Russell Crowe sólo puede ser Russell Crowe. También sabemos que en su vida real el actor tiene tendencia a engordar, así que como ya viene con la gordura puesta pues eso que se ahorra.  Para Crowe hacer de gordo es actuar un poco menos. En resumen: no hay dos personas más distintas en el mundo que Hermann Goering y Russell Crowe pero coinciden en una cosa: un ego descomunal. Un ego del tamaño del Titanic que les lleva a los tres (al Titanic también) a terminar por hacer el ridículo.

No hay nada más inverosímil que un actor bien parecido intentando no parecerse a sí mismo. Por eso los biopics con artistas de renombre siempre son un desastre. Pero el cine no cesa de producir biopics que, por muy malos que sean, siguen funcionando. Al público se la suda la calidad interpretativa, lo que quieren es ver a gente famosa haciéndose pasar por otros famosos. Podríamos llamarlo el síndrome de “Tu cara me suena”. En poco tiempo hemos visto los biopics de los magnates Enzo Ferrari y Gucci interpretados ambos por Adam Driver, que por lo visto se parece a todo el mundo. Recientemente el vaporoso Timothée Chalament nos sorprendía haciendo de Bob Dylan en una interpretación muy lograda, hay que admitir que clavaba al cantautor. Luego está el caso del pobre Rami Malek que vaya donde vaya es Freddie Mercury sin bigote.

Hay algo en “Nuremberg” profundamente antipático y no es Russell Crowe. Me refiero al estilo de la película. Hay algo banal, casi infantil, en el tono emocional de “Nuremberg”. A ver si me explico: El juicio de Nuremberg fue un capítulo histórico realmente chungo. Tal vez el acontecimiento más espeluznante de la historia contemporánea. Aquel tribunal debió ser más espeso que el alquitrán. En 1945 Nuremberg era la muerte. El cadalso de Europa. El juicio fue retransmitido y grabado. Las imágenes reales que se conservan muestran caras largas y expresiones de desesperación silenciosa. Nadie hablaba. nadie estaba para tonterías. Flotaba en el ambiente una sensación medieval, como de peste bubónica. La película “Nuremberg” no consigue transmitir aquel horror. El director se esfuerza por ser chungo. Nos enseña, por ejemplo, las atroces imágenes de los campos de exterminio. Imágenes de archivo con montones de cadáveres. Pero aun así la película no es incómoda. Al contrario: la película mola. Es atractiva y sensual. Hay incluso un amago de romance entre el protagonista y la guapa periodista. La película no quiere ser luctuosa sino trepidante. Aventuras judiciales como aquellas películas de abogados de los años ochenta. Personalmente creo que en esa elección hay una traición a la verdad. Dicho de otra forma: los juicios de Nuremberg no fueron así. No fueron guais. La película más realista sobre Nuremberg sería aquella que el espectador no disfrutara viéndola.

Perico Gual

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