Algo Salvaje. La historia de Bambino

Disponible el próximo 18 de febrero la BSO y el documental de 82 minutos

Bambino es uno de los artista más inclasificables de la historia de la música en nuestro país. De raíces flamencas, siguió su propio camino, diferente y único. Se apartó del flamenco ortodoxo y creó desde el principio un estilo personal del que nunca se apartó, logrando ser verdaderamente un artista diferente. Su propio territorio inimitable e incomparable lo desarrolló aflamencando canciones, rancheras, boleros y otros éxitos latinoamericanos, incluso coplas y versiones de artistas conocidos como Raphael o Camilo Sesto. Sus grabaciones, siempre arrebatadas y furiosas, tienen una crudeza y un desgarro que nadie ha conseguido igualar. Cualquier canción cantada por Bambino se hacía inmediatamente suya. Aunque no era autor de sus canciones, siempre fue él quien las elegía y si no las sentía suyas, no las cantaba. Eran canciones a medida, como sus trajes. Estuvo bien rodeado de grandes autores como Alfonso Santisteban, Rafael de León, Juan Solano, José Alfredo Jiménez, Consuelo Velásquez o Manuel Alejandro y se hizo acompañar por los mejores guitarristas del momento como Paco de Lucía o Paco Cepero y por El Combo Flamenco, su propio grupo de guitarras, bongos y palmeros. Además, en el escenario tenía un magnetismo, una inmensa tristeza y desgarro profundo, que envolvía con un estilo glamouroso de vestir y una actitud siempre desafiante.

La historia de Bambino está magníficamente contada en la película documental de 82 minutos de duración que da nombre a este álbum. El guion y la dirección han corrido a cargo de Paco Ortíz y de la dirección de producción se ha encargado Jose Carlos de Isla, ambos fundadores de la productora Sarao Films. Está narrado por Carlos Herrera e incluye, además de imágenes inéditas y de archivo, partes de narrativa de ficción con actores y declaraciones de grandes artistas como José Mercé, Pitingo, Bunbury o Antonio Carmona y personalidades del mundo del flamenco y la cultura como Gonzalo García Pelayo, Ricardo Pachón, Justo Molinero, Nazario o Alberto García Alix. La BSO se compone de una selección de canciones que siguen el orden de aparición en el documental y que hacen un recorrido por toda la trayectoria de Bambino. Todas son grandes canciones cuidadosamente remasterizadas e imprescindibles de su repertorio.

Paco Ortiz, director de la película documental, comenta sobre el proyecto: “Decía el Dr. Tyrell a Roy en la célebre Blade Runner que “la luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad del tiempo”. Y Bambino fue la estrella más resplandeciente de la galaxia flamenca, una vida demasiado corta para el referente de un país que empezaba a despertar de un letargo en madrugadas de fiestas infinitas y salvajes. Al igual que Morente o Camarón, Bambino supuso en su momento la última frontera del flamenco, un soplo de aire fresco y renovado que lo acercó al gran público. Artista de artistas, ídolo en gasolineras, un Neruda por bulerías, su estilo inimitable, su irresistible magnetismo escénico o su desgarradora personalidad forman ya parte del mito, de la leyenda, de un gigante de la música del siglo XX. Suya es y será la rumba trágica que levanta pasiones, los aspavientos de chaqueta al compás de rasgueos desenfrenados al son de bongós”.

Es urgente la necesidad de revisar la trayectoria de un artista tan singular, un rey sin reino con el que se ha cometido un olvido que debemos subsanar, por el bien de la música, del arte y de la historia.

Sobre Bambino

Miguel Vargas Jiménez nació en Utrera (Sevilla) el 12 de febrero de 1940, aunque algunos biógrafos escriben el 8 de febrero de 1943. Gitano, hijo de Manuel Vargas Torres “Chamona” y Francisca Jiménez Ramírez “Frasquita”, estudió en las Escuelas Salesianas y el fútbol fue su primera gran afición. Dicen que se le pasó por la cabeza ser cura, pero fue peluquero que asombraba a los parroquianos con su voz. Pronto le rebautizaron Bambino, apodo inspirado en una canción de Renato Carosone y en 1961 ya cantaba en la Venta Real de Antequera en Sevilla. En 1963, el torero Gitanillo de Triana se lo llevó a Madrid, al tablao El Duende con Pastora Imperio. Después cantó en Pasapoga, en Las Cuevas, en Los Canasteros con Caracol, en Torres Bermejas junto a La Paquera y Faíco. Ganaba 500 pesetas diarias, un capital, y vivía en la Pensión del Carmen.

En los años 60 y 70 todos se rendían a Bambino. Admirado por igual por putas y banqueros, en el gran teatro o en el tugurio, se lo rifaban hombres y mujeres dando pábulo a su bisexualidad. Locales como Zar, Morocco, Florida Park o Mayte Commodore en Madrid y Tabú, Las Vegas o El Bombín en Barcelona fueron testigos de sus momentos de catarsis sobre el escenario, tirándose al suelo para exigir lo mejor a sus músicos, sudando, transformándose. Con más de 200 bolos al año en su época dorada, en directo apuraba al máximo. Al día siguiente podía desaparecer durante días, enriqueciendo una leyenda de comisarías y clínicas siempre negada por quienes estuvieron a su lado.

Desde principios de los 60 hasta 1996, Bambino grabó más de 500 canciones y vendió cientos de miles de discos y, sobre todo, de casettes. Grandes autores del siglo pasado compusieron para él, como el maestro Solano, Rafael de León y Jose Antonio Ochaíta (“La pared”, “Tengo miedo”, “No me des guerra”) o Alfonso Santiesteban (“Culpable”, “Plegaria de un fracaso”, “Mi amor es mío”). De Manuel Alejandro hizo suyas “Se me va”, “Te estoy queriendo tanto”, “Voy a perder la cabeza por tu amor” o “Procuro olvidarte”) y también recreó clásicos como “Corazón loco”, “Dos gardenias” o, llegado el caso, “Algo de mí”, de Camilo Sesto. De nuevo pionero. Rumba, bolero, balada, bulería, ranchera, tangos… Bambino bambinizaba todo lo que llegaba a su voz siempre que la letra tuviese la suficiente dosis de juego dramático. Cada disco se grababa en tres o cuatro días, según el estado de la voz y de las juergas. Tres guitarras, percusión y palmas. Paco de Lucía, Paco Cepero, Paco del Gastor, Peluche, Ramón Priego, Tony Maya, Chico de Utrera… Pocos más entraron con él al estudio de grabación. A veces, un bajo eléctrico, alguna flauta, metales… Su primer LP, publicado en 1967 ya contenía algunos de sus grandes clásicos como “La pared” y “Payaso”. El último, de 1996, se titulaba Resucité.

Ese mismo año se le diagnosticó cáncer de laringe y la quimioterapia le destrozó la voz. Se quedó en Utrera y recibió homenajes en sus últimos años mientras su leyenda crecía entre artistas jóvenes, sorprendidos por la coherencia entre su vida y su arte. El 5 de mayo de 1999, Bambino murió físicamente pero comenzó a revivir artísticamente en la memoria de un país tantas veces injusto e ingrato con los mejores.

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Author: Redacción

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