Las colinas que rodean la ciudad de Los Ángeles arden. Arden literalmente, no es metáfora. Unos incendios imparables cuya velocidad de propagación ha pillado a los bomberos por sorpresa. Al parecer los vientos en esta época del año son muy secos en California y han propiciado la rápida expansión del fuego. Son muchas las celebridades de Hollywood que contemplan impotentes cómo sus mansiones son devoradas por las llamas. Paris Hilton se graba a sí misma trasladando con urgencia a sus perritos en una enorme limusina, Harrison Ford hace una llamada desde una furgoneta y así una larga lista de conocidas estrellas como Anthony Hopkins, Mel Gibson o Adam Brody, han sufrido daños en sus lujosas viviendas, especialmente aquellas localizadas en las áreas de Palisades y Malibú.
No sé, da que pensar. Seguro que a ustedes también. Es decir, vivimos la era de la tecnificación absoluta. Vivimos en la promesa de un mundo digital en el que todo se gestiona a través de una pantalla. Desde la publicidad, desde las instituciones, desde las grandes empresas, todo quisqui nos quiere convencer de que el futuro se ha hecho presente. Ya está aquí aquel futuro soñado en el que los coches volaban y conquistamos planetas con nuestras naves espaciales.
Pues bien, en esta orgía futurista llega un fuego y nadie sabe cómo apagarlo. Da qué pensar, como dio que pensar el virus del Covid que dejó a todos los sabios de España con cara de acelga y a los medios de comunicación dando unos consejos hoy y los contrarios al día siguiente. En fin, que los anuncios de la televisión nos venden casas domóticas y coches eléctricos pero la vida real se sigue pareciendo más al salvaje oeste. Hablando del salvaje oeste: que las casas americanas sigan siendo de madera tampoco ayuda a los bomberos.
Estos inesperados sucesos han obligado a retrasar la fecha de nominaciones a los premios Oscar 2025. Finalmente se anunciarán el 23 de enero teniendo como películas favoritas el narco-musical “Emilia Pérez” y “The Brutalist” que todavía no se ha estrenado en España y que narra las desventuras de un arquitecto judío tras la Segunda Guerra Mundial.
Termino comentando “Heretic”, una película actualmente en cartelera que tiene como gran reclamo a Hugh Grant abandonando su papel de muñeco de tarta nupcial para interpretar a un siniestro psicópata. Más allá de esta anécdota actoral “Heretic” es sobre todo una película de miedo en un espacio único, es decir, todo ocurre en el mismo sitio, concretamente en la siniestra casa de Hugh Grant cuando a su portal llaman al timbre dos inocentes jovencitas.
Las películas de espacio único se están convirtiendo en un género en sí mismas. Recientemente la película española “Puntos suspensivos” recurría a este formato y también lo hace “Here” de Robert Zemeckis, estrenada hace unas semanas. Con una puesta escena muy limitada las películas de espacio único necesitan una buena historia y un guion ágil para enganchar al espectador. Tal era el caso de “La soga” de Hitchcock o “La huella” de Mankiewicz, sin duda las dos películas más clásicas de este género.
También “Heretic” hace gala de un guion muy elaborado centrado en la teología. “Heretic” se sirve del terror para desplegar un prolijo discurso sobre el poder de las religiones y de cómo todas ellas han buscado, a lo largo de las historia, el control social. Aunque esta moraleja queda muy bien expuesta “Heretic” se olvida de dar coherencia al psicópata protagonista. La película deja muy claro que el psicópata es una oveja descarriada, un devoto desengañado, pero no queda claro el plan maquiavélico que tiene entre manos. Todo parece una excusa para generar suspense sin ton ni son. Con una conclusión que desciende hasta lo ridículo “Heretic” es una película fallida y una oportunidad perdida para Hugh Grant de afianzarse en otro registro que no sea el de galán con mirada de cabra mansa.


