Barbie o cómo las muñecas se dirigen al portal del ginecólogo

El fenómeno Barbie

El verano es tiempo para el cine ligero. Cine familiar y, admitámoslo, cine bastante malo en general. Como viene siendo habitual por estas fechas Santiago Segura estrena su comedia facilona y Hollywood sus películas de animación digital y dibujos animados. Este año, sin embargo, han recalado en la cartelera estival dos extrañezas que no son en absoluto ni ligeras ni facilonas. Me refiero a “Barbie” y “Oppenheimer”.

Tal ha sido el revuelo despertado por ambas que los medios de comunicación ya hablan de fenómeno cinematográfico. Lo llaman el fenómeno Barbieheimer…o algo así. En fin, una estrategia de márquetin bastante forzada pero muy efectiva que ha metido en el mismo saco dos películas que no tienen nada que ver. Eso sí, ambas tienen en común su complejidad, su voluntad de presentarse ante el espectador como películas inteligentes, con cosas importantes que contar. Ambas desafían al espectador poniéndole las cosas difíciles. Como ustedes ya sabrán “Barbie” es una revisión crítica de la popular muñeca, que, desde la ironía, aprovecha las actuales corrientes sociales para hablar (otra vez) de feminismo. Por su parte “Oppenheimer” nos cuenta la aciaga gestación de la primera bomba atómica a cargo del físico Robert Oppenheimer dentro del Proyecto Manhattan.

Sin duda “Barbie” ha sido el acontecimiento cinematográfico del año. Una película que bajo su apariencia de comedia ácida esconde una película muy tramposa. Tramposa porque su ambigua promoción comercial ha confundido a parte del público, que ha entendido que se trataba de una película infantil. No es así. Obviamente la gente joven no ha caído en ese error, pero probablemente muchas familias, abuelos y nietos han entrado en la sala convencidos de que iban a ver una película al estilo de “Toy Story”. Un malentendido, por otra parte, muy fructífero para la taquilla que ha propiciado la afluencia masiva a las salas de un público muy diverso. También el juego intelectual que propone “Barbie” es tramposo. Su mensaje, supuestamente empoderado, ha resultado ambiguo incluso para el propio colectivo LGTBI. No son pocas las voces que ya califican la película como falsamente feminista, incluso la tachan de esconder una apología del consumismo más frívolo. “Barbie” es contradictoria incluso en el corazón mismo de las ideas que pretende criticar. Personalmente “Barbie” me despierta muchas dudas. ¿realmente las niñas que han jugado con Barbie durante décadas tenían en mente conceptos tan complicados como empoderamiento, matriarcado o patriarcado? Quiero pensar que las niñas simplemente han jugado con ella para peinarla, vestirla o a papás y mamás.

La directora de “Barbie” ha complicado lo sencillo. Greta Gerwig ha cargado sobre las espaldas de Barbie un farragoso ensayo feminista que nada tiene que ver con la muñeca. Porque, según la directora, jugar a Barbies no es un acto inocente. Al parecer detrás de la muñeca se esconden un complejo mundo de teorías sociales sobre el poder y el género. Gerwig viene para abrirnos los ojos a la verdad y terminar con esa inocencia que no nos deja ser libres. Tampoco es libre Barbie que, en su inocencia, descubre que vive en una realidad de plástico. Finalmente ella elige ser real para poder vivir como humana y de paso experimentar lo que se siente al visitar al ginecólogo.

En los años ochenta había un cursi anuncio de televisión que, en época de navidad, mostraba unas muñecas acudiendo al portal de Belén para ver al niño Jesús. Al parecer ahora las muñecas prefieren visitar al ginecólogo. Cómo ha cambiado el cuento. En fin, esperemos que todo siga siendo sólo eso…un cuento.

Perico Gual

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