Para que hablen bien de usted lo mejor es morirse. Eso dicen, aunque es una verdad a medias porque hay personas que ni muriendo mejoran. Pero es cierto que morirse suma puntos a las virtudes biográficas. Dicho así suena un poco raro. Usted se pasa la vida intentando gustar, colgando fotos en Facebook y resulta que los mejores piropos llegan después. Por cierto, hablando de cosas que se mueren, ¿Facebook sigue funcionando?
Lo que quería decir con todo esto es que hace unas semanas murió Diane Keaton. A toro pasado buscamos a Diane Keaton en nuestro recuerdo (la teníamos un poco olvidada) y caemos en la cuenta de que era esa actriz que se ponía corbatas de hombre. En su juventud la actriz popularizó el estilo bohemio-pijo y en la madurez no disimuló sus canas como bandera de una vejez sin complejos. Ahora que ha muerto todos queremos que Diane Keaton nos suene más de lo que en realidad nos suena. Todos queremos leer un libro suyo. Incluso queremos creer que ha sido mejor actriz de lo que realmente fue.
Los medios de comunicación han coincidido en describir a Diane Keaton como la musa de Woody Allen. En ese preciso momento las feministas han entrado en cólera y se han rasgado las vestiduras. Aun siendo una verdad irrebatible a estas mujeres les parece una visión excesivamente reduccionista. Reivindican que fue mucho más que la musa del director. Actriz de cine y teatro Keaton también trabajó como directora y productora de televisión. Muy activa en causas benéficas, era una mujer que no se callaba y de esta forma logró hacerse un hueco en la prensa escrita, colaborando con su propia columna de opinión en el periódico Huffington Post.
Pero no nos engañemos, el nombre de Diane Keaton va ligado al de Woody Allen. Es casi una verdad científica. Este texto es una prueba más. Diane Keaton siempre será la chica recatada y un poco soñadora que salía en “Annie Hall”. Pero fue Coppola quien la colocó en la fama interpretando a la esposa de Michael Corleone en “El Padrino”. Por mucho que se empeñen las feministas es difícil separar a Diane Keaton de sus papeles de mujer consorte. Nunca le llegó ese papel de protagonista absoluta como sí le ocurrió a su gran amiga Meryl Streep.
Eso no desmerece una carrera de éxito. Diane Keaton ganó el Oscar por “Annie Hall”, ya saben ustedes…esa película (oh sorpresa) de Woody Allen. La estrecha relación entre ambos artistas siempre estuvo por encima del frívolo escrutinio de la opinión pública. La actriz no dudo en defender a su amigo, incluso en los peores momentos del director, cuando fue acusado de abusos sexuales por su exmujer Mia Farrow.
Todo Hollywood habla bien de Diane Keaton. Es indudable que se hacía querer. En una entrevista reciente Woody Allen ha reconocido que llegó a sentir auténtica devoción por la actriz, hasta el punto de que la única opinión que le importaba era la de ella. El director rememora su risa ruidosa y su inagotable optimismo.
Diane Keaton era alegre e irónica y gracias a esta fórmula supo reírse de sí misma. En su última etapa participaba en comedias románticas (su entorno natural) haciendo papeles de mujer mayor pero moderna y su belleza seguía brillando con elegancia y discreción. Elegancia, discreción y sentido del humor son sin duda el mejor legado de Keaton para una juventud que siente inclinación por todo lo contrario, es decir: Bad Bunny.







