Els carnisserses una obra clave para entender la literatura mallorquina de la segunda mitad del siglo XX. No era tarea fácil hacer una adaptación de esta novela al teatro, y Miquel Mas Fiol consigue sacar adelante el encargo con oficio, sin concesiones a lo puramente narrativo —aunque la figura del narrador esté presente—, con fulgor dramático: porque el ritmo de la dramaturgia es impecable, y a todas luces respeta el tono y la cadencia de la novela de Guillem Frontera, que cobra vida más de medio siglo después de su primera escritura. Eso sí, la dramaturgia de Miquel Mas se permite la licencia de incluir un par de escenas hilarantes de cosecha propia que irrumpen en la acción y que provocan las carcajadas de un público que, oh milagro, ha agotado las entradas del teatro.
La intención crítica de la novela deviene en pilar fundamental del constructo teatral; no debemos olvidar que Els carnissers entraría dentro de la categoría de novela de tesis, y que si estamos atentos a la trama no cabe duda de que las premoniciones del autor con respecto a los cambios que el turismo introduciría en la pirámide social no iban mal encaminadas: su crítica mordaz a la burguesía turística y su observación de los hilos tensados en el juego de poder que acompaña a los cambios generacionales son subrayados con eficacia desde la dirección— también asumida, como la dramaturgia, por Miquel Mas Fiol—.
Creo que es pertinente recordar el origen de esta producción: Elscarnissersnace con el Festival de la Paraula, organizado por Produccions de Ferro y la Fundació Mallorca Literaria, siendo uno de los espectáculos del ciclo Literactua, que pretende visibilizar la literatura y el teatro en catalán escrito en nuestras islas mediante la dramatización de obras de autoría balear.
Y ahí es donde reside el gran reto: dotar de una estructura dramática a una obra pensada para lectores individuales, plantar la semilla de la recepción colectiva sin que se desdibujen ni la trama, ni los personajes, ni los temas ni el tono: podemos afirmar que Miquel Mas Fiol no solo adapta el texto con solvencia, sino que además lo dirige con nota. Porque uno de los condicionantes de la dramaturgia es que debe ser pensada para tres actores: y no olvidemos que en la novela de Guillem Frontera el protagonismo recae sobre cuatro personajes, y que además en ella encontramos una amplia galería de secundarios—frailes, vecinos, familiares— que deben desaparecer en su mayoría de la versión escénica sin que ello afecte significativamente al concepto, a la esencia, a la intencionalidad genésica del artefacto.
Tengo la certeza de que Guillem Frontera, tristemente desaparecido poco antes de que su novela probara escenario—“todos estamos en este país como turistas, nadie puede vivir para siempre”, dijo un día el Dalai Lama—sin duda hubiese disfrutado viendo encarnados a sus personajes por tres intérpretes que se salen: Catalina Florit, Lluis Febrer y Xavi Frau. Porque la versatilidad con que encarnan a los personajes —haciendo dobletes portentosos—deviene en una lección de interpretación que nadie debe perderse y dota al conjunto de una cohesión interna que se aleja del pecado del fragmentarismo en el que suelen caer muchas versiones de novelas cuando alguien acomete su adaptación al teatro.
Me gustaría concluir estas líneas poniendo en valor la iniciativa de Produccions de Ferro: como espectador de Literactua desde hace algunos años he podido ver cómo obras en esencia no teatrales se convierten en carne de teatro gracias a este ciclo, y sin duda este hecho favorece enormemente el tejido teatral de nuestro territorio. Porque la adaptación de Els carnissers ha venido para quedarse. Y estoy seguro de que vendrán muchas adaptaciones más para recordarnos que, como decía Laurence Olivier, “el arte del teatro consiste en llevar la verdad a través de la mentira”.
Y el arte de la adaptación, cuando se practica con verdad, genera teatro del bueno.











