Les informo de que he ido a ver una película iraní por si algún día (vete tú a saber) me presentan a Ada Colau y así tener cosas importantes de las que hablar. El cine iraní es lo que ahora se denomina cine necesario. Para ver una película necesaria (iraní o de donde sea) lo más adecuando es ir con aspecto de vivir en una tienda de campaña y sobre todo hacer acopio de mucha motivación social que ya se encarga la película de bajarte el subidón. Porque el cine iraní siempre habla de lo mal que están las cosas por allí…y no es para menos.
La película en cuestión, “Un simple accidente”, además de iraní ha ganado el festival de Cannes así que es doblemente necesaria. Cuando uno ve cine iraní tiene una sensación parecida a cuando se entera de que le han dado el Premio Planeta a Juan del Val, incluso la misma sensación que contemplando El Guernica. Esa sospecha sin pruebas de que tal vez ni el Guernica, ni Juan del Val, ni el cine iraní son tan buenos como nos han hecho creer. Hay en todos los casos una desconfianza hacia el relato oficial. Al final usted se convence de que el Guernica es una obra maestra y concluye que el problema es usted, que no se entera de nada y que no sería capaz de distinguir una catedral gótica de un parador de Burgos. Ni siquiera podría señalar en el mapa dónde está Irán. Pero no importa, usted sabe que en Irán matan gente. Lo ha oído en la radio.
Admitamos que lo que más nos excita del cine iraní no son tanto sus virtudes cinematográficas sino un sentimiento de responsabilidad solidaria que nos ha venido dado con la globalización informativa. Hace cincuenta años nadie sabía lo que pasaba en Irán, porque no había internet y si me apuran tampoco televisión. Pero hoy hablamos de Irán como si nos fuera la vida en ello. Nadie se atreve a decir que lo que pasa en Irán le importa un rábano. Tampoco encontrará usted a ningún cinéfilo que reconozca que el cine iraní es un rollo. Todos coincidirán en que es un cine muy necesario cuando en realidad el cine iraní es al cine lo que las matemáticas a los deberes del colegio.
Contra todo pronóstico “Un simple accidente” no es aburrida, incluso mantiene una tensión de thriller con toques de comedia negra. En la película un ciudadano corriente, que estuvo en la cárcel, se toma la justicia por su mano al secuestrar a una persona. Esa persona es el funcionario de prisiones que torturó al protagonista durante su encierro. Al menos eso sospecha el protagonista. La película mantendrá esa duda durante todo el metraje en un debate ético sobre la necesidad (o no) de actuar al margen de la ley, cuando la ley es la injusticia.
Hacer cine en Irán no tiene nada que ver con el entretenimiento que significa el cine en occidente. No podemos ver cine iraní como quien mira “Piratas del Caribe”. Hacer cine en Irán es buscarse problemas. El nuevo cine iraní es política disidente. Ser director en Irán es jugarse el pellejo, tenerlo todo en contra y nada a favor salvo el aplauso caritativo de Europa. Porque si Irán es el país que describen sus películas entonces su cine es lo menos malo.







