El escritor Manuel Avís publica la novela Déjame que baile el próximo 16 de septiembre bajo el sello de la editorial Cabaret Voltaire. La obra aborda la intrahistoria afectiva y sexual del poeta Federico García Lorca coincidiendo con el noventa aniversario de su asesinato. A partir del hallazgo de un arcón con documentos inéditos, el autor reconstruye las relaciones personales del escritor andaluz mediante una ficción enraizada estrictamente en la investigación archivística.
Un archivo inédito y la memoria afectiva
La narración se origina con el descubrimiento de un arcón de madera dañado por una riada en los sótanos de un anticuario en Coímbra. Este continente escondía pertenencias atribuidas al poeta, tales como cartas, borradores, un cuaderno grueso de tapas magenta, un anillo de oro con un mineral azul y numerosas fotografías. Según el relato de Déjame que baile, el narrador aplicó técnicas aprendidas en el Departamento de Preservación de la Universidad de Siracusa para recuperar gran parte de este legado documental de la acción del agua.
Una de las imágenes rescatadas en mejor estado muestra a Federico García Lorca abrazado por la espalda a su amante uruguayo, Enrique Amorim, en la finca de este último. La instantánea revela detalles como una erección bajo el bañador de Amorim y una pulsera de oro en su muñeca de la marca Cartier, datada de 1912 y con pequeñas lágrimas de rubí. Esta fotografía y otras conforman un álbum integrado en la edición del libro para documentar los rostros de las personas que marcaron la órbita del autor.
La intrahistoria de un mito literario
Manuel Avís (Trujillo, 1994) explora la figura histórica alejándose de los estereotipos que históricamente han desexualizado al autor o lo han presentado exclusivamente desde el dolor del amor no correspondido. El texto expone que la producción literaria de Federico García Lorca, incluyendo obras de resistencia como El público, mantiene un vínculo indivisible con su identidad homosexual y el disfrute de su propio cuerpo.
El autor, doctor en Estudios Literarios, utiliza la libertad de la novela para adentrarse en la dimensión humana, las correrías nocturnas por la capital y la energía creativa del poeta. Déjame que baile, con ilustración de cubierta de Guillermo Martín Bermejo, se plantea como un acto de reparación ante el vacío documental y el silencio impuesto por la dictadura, reivindicando la búsqueda de los restos insepultos de las víctimas.











