La galería de arte contemporáneo LA BIBI, con sede en Mallorca, consolida su proyección internacional mediante su participación en la feria Tokyo Gendai, donde este 2026 presenta un diálogo expositivo entre los artistas Fátima de Juan y Daniel Ferstl. La muestra reinterpreta el imaginario cotidiano a través de nuevas narrativas, transformando elementos domésticos y figuras femeninas en estructuras vivas que mutan según la representación que hacemos de ellas.
La agencia femenina como motor creativo
La artista Fátima de Juan, nacida en Palma en 1984, articula su obra en torno a la figura de la mujer. En sus pinturas, reivindica motivos tradicionalmente asociados a la feminidad, como los animales o las flores, para convertirlos en expresiones de agencia y autodeterminación. Su práctica huye de cualquier atisbo de fragilidad: las protagonistas de sus lienzos muestran cuerpos imponentes, brazos grandes y uñas afiladas, fusionando la ternura con una fuerza rotunda y agresiva.


Los orígenes de la creadora mallorquina, que empezó a pintar grafitis durante la adolescencia bajo el alias de Xena, marcan profundamente la estética de sus piezas. Tras formarse en ilustración en la escuela de artes de Palma y en diseño gráfico en Madrid, ha desarrollado un lenguaje propio donde el exotismo, la naturaleza y el erotismo conviven con la cultura de calle y las visiones de futuro. A través de colores vibrantes y texturas aterciopeladas, sus trabajos funcionan como autorretratos oníricos llenos de contrastes.
Cultura pop y volúmenes textiles
En diálogo directo con esta visión se erige la obra del austríaco Daniel Ferstl, nacido en Linz en 1982 y formado en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Su propuesta en Tokyo Gendai desafía las fronteras tradicionales entre la pintura y la escultura, mezclando referencias de la alta cultura con el exceso del kitsch.


Ferstl utiliza telas coloridas sobre paneles de madera a los que cose piezas acolchadas para dotar de tridimensionalidad a las obras. Su inspiración se nutre tanto de películas de culto de las décadas de los setenta y ochenta como de la cultura actual de los videojuegos y los memes de internet. A través de estos materiales sedosos, el artista explora el concepto del «optimismo cruel», esa fijación humana por sueños o deseos que, paradójicamente, pueden terminar por destruirnos.












