La editorial Periférica publica la novela La casa del callejón, de la escritora siciliana Maria Messina. Traducida por Ángeles de los Santos, la obra regresa a las librerías para exponer las graves implicaciones psicológicas y sociales de la condición femenina marginada en la pequeña burguesía rural. El libro expone el día a día de una familia sometida enteramente al yugo de un cabeza de familia autoritario, desgranando cómo la sumisión ahoga cualquier atisbo de libertad.
La anatomía del aislamiento doméstico
La narración se centra en las figuras de Antonietta y su hermana menor, Nicolina. Ambas mujeres viven en un estado de clausura, dedicadas permanentemente a servir a don Lùcio, marido de Antonietta. Éste ejerce como un déspota que extrae placer del desvalimiento de las mujeres que le rodean. La atmósfera del hogar está regida por un temor paralizante a contrariarlo, lo que condiciona todos los movimientos de las protagonistas. Esta tensión se palpa en actos minúsculos, desde el modo en que preparan una limonada midiendo cada gota, hasta el sigilo empleado al cerrar los postigos del balcón. El nivel de sometimiento es tal que la propia Antonietta contiene la angustia por la salud de su hijo enfermo, Alessio, relegando los cuidados médicos a la penumbra para no perturbar el trabajo ni el descanso de su marido.
La trayectoria de una escritora silenciada
Nacida en Palermo, Maria Messina (1887-1944) despuntó en la literatura desde muy joven y obtuvo gran éxito de crítica, siendo aplaudida por referentes del verismo como Giovanni Verga. Sin embargo, en 1907 se le diagnosticó una esclerosis múltiple que la condenó paulatinamente a la inactividad y al encierro. Pese a seguir escribiendo obras como su última novela L’amore negato (1928) o Casa paterna, su fallecimiento trajo consigo el olvido literario. Su inmenso valor no fue rescatado hasta principios de los años ochenta gracias a Leonardo Sciascia, quien la definió acertadamente como la Katherine Mansfield italiana.











