“GEODESIA” de Olimpia Velasco en la Misericordia

“GEODESIA” de Olimpia Velasco en la Misericordia

La exposición realizada por la artista Olimpia Velasco tiene diferentes énfasis y su abordaje depende del tipo de asistente. Puede ser observada por un experto en arte, también por alguien relacionado con la estética del color en su campo de trabajo, por un fotógrafo, por un escritor que encuentra una crónica anecdótica, por un escultor, por un arquitecto, un topógrafo, e incluso, un ambientalista, es decir, es multifacética en sus abordajes.

El titulo Geodesia hace referencia a la ciencia que estudia la forma y dimensiones de la tierra, que incluye también sus campos gravitatorios, su superficie debajo del océano y su ubicación en el espacio galáctico.

Pero, ¿Cómo asume la artista esta aproximación geodésica de Mallorca, naturalmente delimitada como una isla? Podemos ver, en la primera sala, diez dibujos-pintura en papel, enmarcados y ensamblados como un todo, conforman toda la isla, no como un mapa clásico que define contornos y montañas, sino, con triangulaciones que conforman un todo geométrico, donde se destacan unos puntos específicos, que denomina vértices geodésicos, los cuales se destacan con un abanico de color que contiene la paleta cromática del cielo, la tierra, la vegetación y algunas veces del agua del mar, propia del lugar. Estos abanicos de color, como puntos de fuga, no se limitan a líneas de color puro, sino que se diluyen, fluyen con tal fuerza que salpican, como quien, en su vitalidad, reclama su derecho a existir. Los vértices son destacados por la artista, como enclaves naturales privilegiados, pues en geodesia, la triangulación busca determinar puntos singulares que conforman triángulos entre sí y que en conjunto forman redes de triangulación que permiten calcular áreas y distancias, como los representados en su ensamble de gran tamaño. Una escultura cilíndrica con una concavidad en su parte superior pintada de amarillo, representa el sol que se irradia sobre la isla. Unas cuerdas vinculan la escultura con el dibujo-pintura.

En esta primera sala, al lado derecho, hay un registro, a manera de diario, partes de una libreta con reflexiones sobre lo que pasa en todo el entorno de la isla, con referentes a la riqueza natural, la degradación medioambiental, la protección de los espacios, la sobre explotación turística, la urbanización descontrolada, la contemplación, la desaceleración, con referentes a escritores significativos para la artista como serían: Henry David Thoreau (poeta, filósofo, naturalista), Rachel Carson (Bióloga marina, conservacionista), Javier Maderuelo (Doctor en historia del arte y Arquitectura). En esta especie de diario de reflexiones, con hojas desplegadas como una libreta de artista. Se observan, emparejadas a los textos, roturas en las hojas, unas precisas, otras con rasgaduras, y se pueden ver apartes de fotografías de nubes en cielos azules celestes, carmesí, grises, entre otros matices. Hojas, de una libreta de anotaciones, que capturan emociones, reflexiones, críticas, cuestionamiento que se asoman fugazmente a un cielo testigo de los acontecimientos.

En la segunda sala, se descuelgan desde la pared, dos grandes obras de lienzo, que se deslizan sobre el suelo, como indicando que son un registro cromático y atmosférico del algo inmenso, de algo que no puede ser contenido, de un paisaje que nos supera, el cielo, la tierra y el mar de Mallorca. Contienen las atmosferas donde se fusionan cada uno de ellos. Pero va más allá, es la intimidad del encuentro entre la tierra y el mar, entre el vapor de la nube y su fragmentación prismática, que estando en el espacio real, nos hacen contener la respiración, y como es la intención de Olimpia, nos lleva a caer en un estado contemplativo. En esta sala también están presentes tres esculturas, realizadas con mortero mezclado con piedra de Binissalem, en color claro, absolutamente cilíndricas, de mediana altura y con una concavidad en su parte superior. Parecen guardianes atmosféricos del misterio cromático de la tierra, como si fueran las esculturas contemplativas de los nativos de la isla de Pascua, pero con una expresión más depurada, más hermética al misterio profundo de la naturaleza. De esta manera se describen en el texto referente a su obra:

“Cada escultura representa un vértice geodésico al que se ha llegado. En cada enclave la mirada puede recorrer 360º, desde un punto seleccionado se ha fotografiado el espacio que define los colores que lleva el vértice en la parte superior. En el acto de entornar la mirada en la contemplación, los matices se pierden y lo observado aparece como grandes manchas cromáticas que quedarán registradas en la mente.”

En la tercera sala, están sobre unas cajas de madera, tres fotografías de 50 cm. x 70 cm. en paralelo, pero enmarcadas independientes, que muestran tres paisajes mallorquines, obviamente.

Rocas, montañas y el cielo, son atravesadas horizontalmente por los colores puros que están más presentes en toda esta captura del paisaje. Los colores tienen referentes precisos, pero siempre nos referimos a ellos con nombres aproximativos como, por ejemplo, el verde, que puede ser verde oliva, esmeralda, menta, pistacho, azulado, amarillento, manzana, es decir, nos referimos a ellos por comparación o semejanza. Los colores de estas franjas, en su orden y combinación, se convierten de esta manera, en una huella digital del entorno, expresando una identidad propia.

Y a manera de lamento, o como un grito de enojo, en esta tercera sala, están presentes también 18 fotografías, en blanco y negro, que no buscan mostrar belleza o armonía, sino frustración ante lo que no se valora, ante la indiferencia. Un grupo de rocas, a manera de instalación, son vinculadas a las fotografías, como testigos mudos, con dos cuerdas, indicando una correlación con la realidad. Todas las fotos están una al lado de la otra, sin espacios, y niveladas en su parte inferior, formando una línea recta, pero en su parte superior, tienen diferentes alturas, casi como un electrocardiograma que muestra los signos vitales de los puntos geodésicos, y claramente, la salud ambiental no está muy bien, hay cicatrices de los daños recibidos.

En el texto de la exposición, se explica que son:

“Fotografías que recogen escenarios que narran como el paisaje en desuso forma parte de los enclaves naturales. La destrucción en el territorio hace que éste sufra un proceso de cambio y genere como consecuencia nuevas cartografías. La devastación en el paisaje ya sea por catástrofes naturales o por la intervención humana, supone una valoración distinta de los lugares afectados. Hablamos pues de cicatrices que dibujan un paisaje diferente, en muchos casos y cuando se trata de la intervención humana, son invasiones en la naturaleza en las que la ética, la estética y el respeto no se ha tenido en cuenta; con el paso del tiempo, la respuesta de la propia naturaleza es la recuperación de su espacio.”

En la sala primera nos hemos ubicado, estamos en Mallorca, inevitablemente unida al conjunto de las islas Baleares, en la sala segunda nos extasiamos con sus colores terrestres, marinos y atmosféricos, representados también como esculturas como un valor a destacar, en la tercera sala, nos damos cuenta que cada lugar tiene su propia huella, su identidad única asociada, pero también, se nos invita a detenernos, a no poner en peligro la existencia de nuestra identidad. No es usual que esta complementariedad entre dibujo, pintura, escultura, textos, fotografías, instalación, se haga presente de manera tan reiterativa alrededor de un mismo tema, y la misma palabra tema, reduce la problemática. Es nuestra capacidad contemplativa profunda la que está en juego, no solo para decir: “que bonito el paisaje que contemplo” es para entender, que es parte de nuestra esencia, de lo que somos y por lo tanto merece respeto y valoración, resultado de una profunda contemplación hacia el exterior y hacia el interior.

El arte, como expresión humana ahora ha ampliado su capacidad expresiva. Pasamos de las primeras representaciones del paisaje que eran idílicas, armoniosas y serenas, a otras en que figuraba como en trasfondo de una escena con personajes más importantes, para posteriormente ser la expresión más local de un lugar, un registro que poco a poco adquirió fuerza expresionista, representándose de manera más dramática. Pero ahora, adquiere su representación una posición crítica, un cuestionamiento sobre el trato que le da quien lo habita. En esta exposición estamos ante una representación profunda y actual del paisaje, que ya no se debería llamar paisaje, sino, la casa más amplia que habitamos, nuestro hogar, tal vez el término podría ser hábitat, que definen como: lugar con condiciones apropiada para que viva un organismo, especie o comunidad animal o vegetal. Aun así, debemos quitarle esa connotación utilitaria, pues es: el lugar donde vivimos, nos movemos y somos.

La exposición permanecerá hasta el 21 de marzo en las salas expositivas del Pati de les Rentadores de la Misericordia con horario disponible todos los días de la semana, de 10 a 13 horas y de 17 a 20 horas.

Alejandra Cerquera Kilby

SONSERVERACLOWN 2024: Somriures i Circ a Son Servera
Previous slide
Next slide
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore