Hasta el gorro de mujeres furiosas

Hasta el gorro de mujeres furiosas

El cine se ha llenado de mujeres fuertes, violentas y despiadadas. Si no bastaba con la agresividad masculina, ahora las mujeres también están en estado de cabreo perpetuo. Lo peor de todo es que también ocurre en la vida real. Da la sensación de que el camino hacia la liberación de la mujer pasa por meter mamporros y ser un poco chunga. Visto así el feminismo se apropia de los más bajos instintos masculinos y lo que es peor, desde una estrategia de imitación bastante ridícula.

Llamadme cursi, pero de pequeño el cine clásico de los años 50 y 60 me enseñó otro modelo de mujer. Un mundo donde las mujeres representaban el amor, los cuidados, la serenidad, el equilibrio y esa costumbre de regalar flores, un gesto que a las nuevas generaciones les parece trasnochado. Pero intuyo que las cosas no han cambiado tanto y son muchas las mujeres que siguen adorando las flores…incluso que sueñan con casarse de blanco. Y menos mal, porque una mujer en estado de cabreo perpetuo no parece la mejor compañera de vida.

Dicho esto, hablemos de “Furiosa”, la nueva entrega de Mad Max dirigida (como todas) por George Miller. La crítica especializada aplaude su feminismo. ¿Pero qué feminismo es este? Vaya tomadura de pelo. “Furiosa” es una película gobernada por la testosterona, con un bestialismo totalmente masculino, donde la mujer es una mera comparsa. Al menos en la película “Mad Max, más allá de la Cúpula del Trueno” reinaba Tina Turner, una mujer poderosa que mandaba en Negociudad. Pero Furiosa no manda nada, es zarandeada de un lado a otro, siempre como moneda de cambio de malvados señores de la guerra. Ni rastro de empoderamiento. La ciudadela de Immortan Joe es una comunidad de hombres. Una colmena de violentos súbditos entregados a su líder. En la comunidad de Immortan Joe las pocas mujeres que hay son obligadas a parir bebés de forma industrial. Esclavas de su biología reproductora. En otras palabras: el feminismo de George Miller es un engañabobos para captar público.

Me van a permitir continuar con mi discurso cursi. En la primera película de “Mad Max” (la mejor sin duda) había buenos y malos fácilmente identificables. Por un lado estaban Max y su mujer que eran buenos, se querían, se decían cosas bonitas y hacían el bien. Por otro lado estaba la banda de moteros locos, que sólo pensaban en hacer maldades. Con esta división moral tan sencilla era fácil tomar partido. En cambio en “Furiosa” no hay una clara distinción moral. Mejor dicho: prácticamente todo el mundo es malo, de una maldad monstruosa. Es imposible empatizar con unos personajes tan antipáticos. Por eso la venganza de Furiosa no emociona a pesar de que Miller quiera vestirla con la más grandilocuente parafernalia after-punk. La épica sobredimensionada de “Furiosa” es tan estéril como su feminismo.

Pero mira por dónde se produce el milagro y la película resulta muy entretenida, con una puesta en escena mastodóntica que es puro nervio. “Furiosa” no es tanto una película como un carnaval exagerado de la forma. La saga “Mad Max” ha perdido su frescura de carretera y Miller se ha entregado interesadamente a las nuevas corrientes sociales, pero a pesar de todo “Mad Max” conserva su esencia, evolucionando hacia un diseño aberrante de metal y arena, que ya era la seña de identidad de la saga original.

Perico Gual

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