Hiroshima y Oppenheimer: Dos caras de una misma historia

Hiroshima y Oppenheimer: Dos caras de una misma historia

Antes de hablar de la película “Oppenheimer” vaya por delante una reflexión moral. La bomba lanzada sobre la ciudad de Hiroshima mató a 80.000 personas en menos de un segundo. En un instante, hombres, mujeres y niños fueron aniquilados por el fuego radiactivo. En las semanas posteriores a la explosión la cifra de víctimas se duplicó a causa de las severas quemaduras. Las palabras no hacen justicia al hecho. Invito a los lectores a que observen con atención la foto que ilustra este texto. En ese preciso momento una ciudad entera era arrasada. Por aquel entonces Hiroshima tenía el doble de población que Palma de Mallorca, que en 1945 a penas alcanzaba los cien mil habitantes. Puede ocurrir que la fascinación que despierta el hongo atómico, de una aterradora belleza, nos impida hacernos cargo de la matanza. Hiroshima no era militar, era una población civil. La intención de Estados Unidos era lanzar la bomba contra civiles para provocar el máximo terror.

La bomba de Hiroshima es probablemente una de las mayores atrocidades de la historia contemporánea. Sin embargo no lo parece. Mucho se habla de la crueldad nazi pero muy poco de Hiroshima. Un perfecto ejemplo de que la historia la cuentan los vencedores y Estados Unidos siempre es inocente. Pero no hay que olvidar que tanto el holocausto judío perpetrado por los nazis como la bomba de Hiroshima lanzada por Estados Unidos se planificaron de la misma forma, es decir, con toda frialdad desde la comodidad de un despacho.

Hay muy pocas películas que hablen sobre Hiroshima. Ahora mismo me viene a la memoria “Lluvia negra” cuyo director, Shohei Imamura, narra las apocalípticas horas posteriores al estallido. Sobra añadir que “Lluvia negra” es una película japonesa. Pero el cine americano ha preferido olvidar Hiroshima. Hollywood ha dejado bien claro, en cientos de películas, lo malvados que eran los nazis pero ha olvidado asumir su responsabilidad moral ante el genocidio nuclear de Hiroshima. La película “Oppenheimer” no es la excepción.

“Oppenheimer” es la nueva película de Christopher Nolan y como su título indica cuenta la vida del físico Robert Oppenheimer, designado por Estados Unidos para crear la primera bomba nuclear lanzada en Hiroshima. La película detalla las vicisitudes del “Proyecto Manhattan” organizado para la construcción de la bomba. Un complejo proyecto militar ultra secreto que coordinaba decenas de científicos de diversas universidades instalados en las áridas planicies del desierto de Nevada. Una suerte de ciudad improvisada a base de barracones en mitad de la nada. El lugar perfecto para hacer pruebas nucleares sin intromisiones ni peligro para la vida circundante.

Pero “Oppenheimer” no nos habla en absoluto del sufrimiento del pueblo japonés sino del sufrimiento americano durante los años de construcción de la bomba. La película explica los dolores de cabeza de la comunidad científica en torno a la complejidad del átomo y las profundas dudas, mundanas y filosóficas, del Doctor Oppenheimer. En la película se amontonan de forma caótica conceptos cuánticos, palabras técnicas y nombres propios de científicos ilustres, incluido Einstein. Para embrollar aún más el argumento “Oppenheimer” profundiza en la turbia red de espionaje infiltrada en el “Proyecto Manhattan”. Lo que allí se cocinaba era una perita en dulce para los servicios de inteligencia internacionales, incluido el propio servicio de inteligencia americano que tenía dudas sobre la lealtad de Robert Oppenheimer. Hay que recordar que Oppenheimer era comunista en el seno de un gobierno profundamente conservador y anti-comunista. Una paradoja que sería un chiste si no fuera una verdad histórica.

Como es habitual en el cine de Christopher Nolan, “Oppenheimer” es desmesurada y prolija en datos y conceptos. El director de “El Truco final” o “Inception” tiene tendencia a convertir sus películas en un gran laberinto mental. Es imposible abarcar la película en su totalidad. El exceso de información se nos escurre entre los dedos. Entre otras cosas porque la física cuántica es una abstracción teórica alejada del ciudadano medio y sobre todo porque Nolan quiere que reine la confusión. El totum revolutum.El espectador saldrá de la película sin haber entendido nada y con un batiburrillo de datos en la cabeza pero como mínimo una idea tendrá clara: el “Proyecto Manhattan” fue un pifostio de cojones.

Perico Gual

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