El Teatre del Mar se convirtió este sábado en el escenario de una celebración cargada de emoción, recuerdos y reconocimiento para una de las compañías fundamentales de las artes escénicas de Baleares. Iguana Teatre conmemoró sus cuarenta años de trayectoria reuniendo a representantes institucionales, profesionales de la cultura, colaboradores y público fiel en una jornada concebida para mirar al pasado con la alegría de quien sabe que a lo largo del camino recorrido las huellas han hecho florecer en los márgenes de la historia —y milagrosamente— las flores de Dionisio.
La cita tuvo como eje principal el estreno del documental Obrint camí: 40 anys d’Iguana Teatre, una producción audiovisual que repasa la evolución de la compañía desde sus inicios en 1985 hasta la actualidad.
Antes de la proyección, los asistentes compartían un ambiente de reencuentro marcado por conversaciones, abrazos y una sensación colectiva de pertenencia a una historia común de búsqueda, de encuentro con el arte, de fragilidades convertidas en palabra y acción.
Al llegar al Teatre del Mar, unas fotografías reciben al visitante como antesala de la memoria. Son imágenes que no solo cuentan la historia de Iguana Teatre, sino también la de quienes pasaron por sus escenarios, talleres, giras y noches interminables de creación. Entre ellas descubro a Alonso Amaya, un técnico que hace aproximadamente treinta años trabajó para la compañía y que más tarde, desde Andalucía y junto a Almazara Teatro, dirigió la puesta en escena de algunos de mis textos. La emoción aparece de inmediato. No únicamente porque Alonso sea uno de mis mejores amigos, sino porque comprendo que tiende un puente invisible entre Andalucía y Baleares, porque su presencia confirma algo que sentí la primera vez que crucé—con él y con Leo Bassi, hace ya unos veintimuchos, si no recuerdo mal— las puertas del Teatre del Mar: Iguana Teatre nunca ha sido una compañía de ínfulas ni de artificios. Ha sido, por encima de todo, un inefable colectivo de seres humanos que soñaron con crecer dentro de la profesión y decidieron construir su vida alrededor del teatro como quien levanta una tea cuyo haz de luz es alimentado colectivamente, sin individualismos castrantes, con la feraz convicción del amor a los ancestros de Tespis, recorriendo el territorio —entonces ignoto— de Talía, donde iguanas y salamandras descorrieron los telones del desamparo cultural para llenar las tablas de modernidad, de búsqueda, de compromiso político, de dudas y de sueños. Quizá por eso su historia resulta tan cercana. Porque detrás de cada montaje no hay únicamente una voluntad estética, sino también una forma de entender la cultura como resistencia y comunidad.
Las imágenes expuestas en el vestíbulo no funcionan como simple motivo para la nostalgia. Se erigen como el retrato de varias generaciones empeñadas en demostrar que desde Mallorca también podía hacerse un teatro contemporáneo, libre y arriesgado. Viéndolas, uno comprende que estos cuarenta años no pertenecen solo a una compañía, sino a toda una manera de habitar el escenario y de entender la creación como refugio frente a la intemperie, frente al desolado panorama cultural que nos había legado la dictadura.
Durante el acto se puso de relieve la capacidad de Iguana Teatre para construir un lenguaje propio y abrir caminos en un momento en que la profesionalización del sector teatral balear apenas comenzaba a consolidarse. Los integrantes históricos de la compañía recordaron los desafíos de los primeros años, cuando crear, producir y difundir teatro desde Mallorca exigía una dosis extra de convicción y perseverancia.
La celebración contó con la presencia de responsables culturales de distintas administraciones, que coincidieron en destacar el papel desempeñado por la formación a lo largo de estas cuatro décadas. En las conversaciones que mantuve con algunos de ellos subrayaron la contribución de Iguana Teatre a la modernización de las artes escénicas en las Islas y su influencia sobre varias generaciones de intérpretes y creadores.
El documental, dirigido por Nofre Moyà, propone un recorrido por la historia de la compañía a través de imágenes de archivo, fragmentos de espectáculos y testimonios de personas vinculadas a su trayectoria. La proyección permitió revivir algunos de los montajes más emblemáticos de un colectivo que ha superado el medio centenar de producciones y ha llevado su trabajo más allá del ámbito balear, participando en circuitos nacionales e internacionales.
Abriendo el documental, una secuencia de Carles Molinet en moto llegando al teatro nos convierte a todos en iguanas, y abrimos las puertas del Teatre del Mar como si fuesen las de nuestra propia casa—si es que acaso no lo son—.
La velada sirvió también para reivindicar el valor de la memoria cultural. Entre anécdotas, evocaciones y aplausos, quedó patente que la historia de Iguana Teatre es, en gran medida, la historia reciente del teatro contemporáneo en Mallorca.
Lejos de plantear el aniversario como un punto de llegada, la compañía quiso presentar la efeméride como una nueva etapa. Cuatro décadas después de su nacimiento, Iguana Teatre continúa defendiendo la creación escénica como espacio de reflexión, experimentación y encuentro con el público, manteniendo viva la misma inquietud artística que impulsó sus primeros pasos.
Y dejo para el final la alusión al libro que conmemora los 40 años de historia de Iguana Teatre. No duden en buscarlo. Es una auténtica joya. Y en él, entre hermosos textos y un archivo fotográfico inconmensurable, Iguana Teatre comienza a hablarnos de su trayectoria con una frase con la que me gustaría concluir la crónica de una más que merecida celebración:
Ja fa quaranta anys que vàrem començar aquesta aventura, no sabem molt bé si empesos per la insensatesa de la primera joventut o per la necessitat de sortir de la rotllada i contar històries. Segurament caren ser les dues coses, perquè la insensatesa i la necessitar de contar encara ens acompanyen. Des d`aleshores, l´escenari, els carrers, les places i els teatres de les illes Balears y d´arreu, han estat casa nostra. Ens hi hem deixat amb gust la pell perquè hi hem trobat sempre el qye dona sentit a la nostra feian: el públic.
Gracias por tanto, Iguana Teatre.










