Me llamo Jean-Luc Godard y llevo gafas de sol por la noche

Me llamo Jean-Luc Godard y llevo gafas de sol por la noche

La mejor película de la historia es “Al final de la escapada” dirigida por Jean-Luc Godard en 1960. No lo digo yo sino Richard Linklater. “Al final de la escapada” es esa obra maestra que no ha visto nadie. Mejor dicho: la película cuya existencia sólo es conocida por un comité de sabios que deciden el destino del cine. “Al final de la escapada” es una película ignorada por la gente corriente y por eso muy útil como arma blanca para cortar el rollo. Por ejemplo, usted va a una boda y un invitado plasta quiere hablar de cine. Para evitarlo nada mejor que mencionar “Al final de la escapada”.

El director Richard Linklater es de los que no se aburren con “Al final de la escapada” y quiere compartir con nosotros su ilusión. Linklater rinde un homenaje a Jean-Luc Godard y los alegres días de rodaje de “Al final de la escapa” en su nueva película “Nouvelle vague”.

Queda claro que la intención de “Nouvelle Vague” es describir París como la capital de la anarquía creativa. Se pasan la película hablando raro. Especialmente Godard que todo lo que dice parece un proverbio chino. Godard lanza continuas perogrulladas del estilo “la vida no espera” o “para conocer la verdad hay que abrir los ojos al mundo”. Así se explica que “Al final de la escapada” saliera medio mal. El equipo de realización no debía entender nada. El único que dice cosas con sentido es el productor, que irrumpe en los rodajes hecho un basilisco, exigiendo a Godard que cumpla los plazos y las fechas, a lo que el director replicaba invariablemente con una idiotez.

Eran los años sesenta y aquello debía ser una competición para ver quién decía la tontería más gorda. Una escalada de pedantería. Pero no hay quien se trague que todo el mundo se exprese, todo el rato, como un poeta dadaísta. En la vida real se echa en falta que alguien diga algo banal, algo sin pretensiones como “qué calor hace hoy” o “esta noche cenaré ensalada”. Hay algo muy forzado en los diálogos de la película. Y qué puñetas le pasa a Jean Seberg, que habla como si estuviera aprendiendo a leer.

A Richard Linklater se le va la mano con la mitomanía. Algo parecido le ocurrió a Woody Allen en “Midnight in Paris”. Reducen la bohemia parisina a un catálogo de tópicos. Ambos directores sienten pasión por lo que cuentan, pero al mismo tiempo les preocupa que el espectador no se pierda. Para ello simplifican las cosas hasta convertirlas en un clishé. Esa obsesión lleva a Linklater a rotular el nombre de los protagonistas. Y no son pocos, son la plantilla de Cahiers du Cinema al completo. Así como van entrando en escena sus nombres aparecen debajo. “Nouvelle Vague” es una película ensimismada, reconcentrada en sí misma. Cine que habla de cine. Intelectuales que citan a otros intelectuales. Si “Al final de la escapada” era un canto a la improvisación la película de Linklater es todo lo contrario, un completo artificio.


 Para alcanzar la espontaneidad de Godard a Linklater no le queda más remedio que planificarlo todo. Godard sólo tenía que bajar a la calle y rodar lo que había. Gente en un bar, gente paseando y la cámara lo grababa todo. Sin preparación, sin método. En cambio Linklater tiene que reconstruir. Linklater tiene que poner la gente. Tiene que poner el bar. Tiene que poner los coches antiguos. Hay que admitir que el invento le sale bien y algunas escenas son una maravilla. Gracias al artificio de Linklater vemos lo que ocurre detrás de la cámara. Escenas inolvidables de una película mítica vistas desde el otro lado.

Luego está lo del título. Me refiero a la película original de Godard. Algún iluminado en España bautizó la película como “Al final de la escapada”. Una frase que da qué pensar. No tiene mucho sentido. El título original es “A bout de souffle”. Literalmente: al final del aliento. El último aliento. Sin aliento. Un título mucho mejor. Linklater nos lo recuerda haciendo que Godard repita varias veces que trabajan sin aliento. Es la falta de aliento que ahogaba a los fugitivos de la película, pero también el anhelo de libertad de una década rebelde.

Perico Gual

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