La película sobre Michael Jackson se llama simplemente “Michael”. Un título a palo seco, sin adornos, ni subtítulos motivadores. Nada que objetar, porque efectivamente el cantante se llamaba así. Pero si la película se hubiera llamado “Miguel” hubiera sido un fracaso. En inglés las palabras suenan mejor, los nombres brillan, por eso una película puede presumir de llamarse “Michael” pero no de llamarse “Miguel”. Porque migueles hay muchos, pero Michael sólo hay uno. La moraleja de todo esto es que los yankis se toman muy en serio lo suyo y cuando deciden llamar “Michael” a una película es porque el asunto es muy importante. Michael, al igual que Dios, no necesita apellido.
A pesar de su título grandilocuente a los críticos profesionales no les ha gustado la película. Dicen que no cuenta la verdad y tienen razón. ¿Pero qué esperaban? ¿Qué querían ver?. Yo les diré lo que querían ver: querían ver a Michael Jackson ponerse hasta el culo de demerol. Querían ver al cantante renegar de su raza y sobre todo querían ver al rey del pop violando niños. Pues bien, todo eso no aparece en la película. Todo eso no puede salir en una película que se llama “Michael”.
Efectivamente “Michael” es una sucesión de tópicos. Los mismos tópicos que hace unos años funcionaron de maravilla para contar la vida de Freddie Mercury en “Bohemian Rhapsody”. Los críticos también la pusieron a parir con los mismos argumentos que ahora lanzan contra “Michael”. De hecho son dos películas que parecen la misma. Si a “Michael” le pones un bigote lo que te queda es “Bohemian Rhapsody”. No parece casualidad que el productor de ambas sea Graham King.
Querer conocer a Michael Jackson viendo “Michael” es como querer conocer a Jesucristo viendo “La vida de Brian”. En realidad “Michael” es muy útil para olvidar a la persona real y evocar al artista como pura mitología. Los biopics siempre son un desastre, nunca hacen justicia a sus protagonistas. Un género empalagoso, plagado de tópicos y escenas pomposas.
A los creadores de “Michael” los tópicos y las malas lenguas no parecen afectarles, porque los creadores de “Michael” se están forrando. La película está siendo un éxito total, el público está llenando las salas y los fans lo están gozando. Algún medio de comunicación, animado por el fenómeno, ha dicho que gracias a esta película Michael Jackson vuelve a estar de moda. Eso no es del todo cierto. No es la película la que pone de moda al cantante sino al revés. Michel Jackson es la moda. Michael Jackson, como Elvis Presley o Mozart no necesitan películas, ni vídeos en Youtube, porque ellos son la historia de la música.
“Michael” no pretende ser veraz ni rigurosa, pero a cambio nos regala un viaje trepidante. Una película imparable, que encadena música, baile y momentos estelares. Todo ello perfectamente edulcorado a la medida de un artista que siempre quiso ser un niño. “Michael” es como ese sueño de infancia en el que siempre se refugió el cantante.
“Michael” plantea un interesante debate ético. Porque el tono de “Michael” es en sí mismo una decisión moral. Porque la verdad no es unívoca, la verdad tiene muchas caras y se trata de elegir cómo queremos recordar las cosas. Desde luego los creadores de “Michael” lo tienen claro. Michael es inocente. El cantante sale absuelto de todos sus cargos y la película intenta blanquear cualquier controversia: si el cantante tomaba drogas no era por vicio sino para aliviar sus dolencias crónicas. Si abusaba de la cirugía no era por vanidad sino por exigencias de su oficio. Si su piel era cada vez más blanca no era porque no quisiera ser negro sino por culpa del dichoso vitíligo.
Desde el mismo título “Michael” elige el lado bueno de la vida y no es una mala decisión. Porque para ver miseria ya tenemos los informativos de mediodía. Si usted lo que quiere es conocer la verdad sobre un famoso no necesita ir al cine, basta con ir a la peluquería y echar un vistazo a las revistas del corazón. “Michael” es sobre todo la película que le hubiera gustado al cantante si hubiera podido verla. Una mentira que todos queremos creer porque gracias a ella salimos del cine cantando.











