Pablo Gámez Cersosimo presenta “Depredadores digitales”

El primer libro en español que expone la dimensión que está alcanzando la huella de carbono de la industria digital.

El galardonado periodista y consultor, Pablo Gámez Cerososimo, publica ‘Depredadores digitales’, una investigación periodística de cinco años, independiente y a nivel mundial, sobre el impacto de la huella de carbono de la industria digital, pero también de nuestro consumo y comportamiento digital.

En este sentido, Pablo Gámez, expone que la huella de carbono digital es un problema geopolítico y debe formar parte de la soberanía digital de los países.

La huella de carbono digital está influyendo de manera directa en el Cambio Global. El Covid–19 ha acelerado la transformación digital a nivel mundial, al igual que lo ha hecho la huella de carbono digital.

Por este motivo, resulta fundamental concienciar a los consumidores de esta realidad. “Nuestro comportamiento y consumo digital van en aumento en todo el planeta, lo cual tiene una consecuencia directa en la dimensión que está adquiriendo la huella de carbono digital. Debemos comprender que lo digital no es algo étereo, porque depende de una estructura fósil contaminante”, apunta el propio autor.

‘Depredadores digitales’ es una obra ideada precisamente para que el mundo tome conciencia de la magnitud de este problema y desarrolle una postura crítica. “La Sostenibilidad Digital es una asignatura pendiente de la transformación digital corporativa. No podemos hablar de transformación digital si ocultamos la huella de carbono que estamos provocando con esa apuesta”, concluye este investigador.

Sinopsis:
Si consideramos el acceso a Internet un derecho universal, de igual forma lo es conocer la huella de carbono digital que generamos.

De ser un país, la industria digital sería la cuarta nación con mayor polución del planeta. En oriente y occidente, en el último lustro, distintos informes independientes advierten que el consumo energético de nuestro ecosistema digital no es sostenible con respecto al suministro de energía y materiales que requiere.

Se trata de una contaminación ambiental que, al no verla, la relativizamos. Nuestro mundo digital genera una huella de carbono que apenas estamos comprendiendo.

La polución digital seguirá creciendo porque el cuerpo físico de Internet, todas sus industrias —entre ellas la minería, ensamblaje, centros de datos, infraestructura de cables, satélites, basura electrónica, software— y componentes demandan considerables cantidades de energía, además de minerales cuyos procesos de extracción son complejos y contaminantes.

Significa que la industria digital no es carbono neutral. Su cadena de producción está enroscada en la energía fósil: es carbonácea.

La dependencia y sumisión que hemos creado en torno a la industria digital provoca que nos extraviemos en la luz azul que emana de la más preciada de todas nuestras deidades: la digital. La singularidad que nos otorga —adictiva— nos lleva a un momento decisivo en nuestra evolución.

A raíz de la COVID-19, la aceleración digital ocupa un lugar prioritario en la agenda de países, industrias, sociedades y gobiernos. Pero su interacción con los temas de impacto energético y cambio climático es soslayado. En el peor de los casos, es silenciado por los distintos actores que intervienen en la cadena que configura la industria digital.

Reducir y fiscalizar la huella de carbono digital requiere volver a la capacidad del pensamiento crítico para cuestionar la utilidad de nuestros comportamientos relacionados con la compra, consumo de objetos y servicios digitales. Además de acordar una metodología universal que arroje claridad sobre la realidad de una huella de carbono creciente.

En este contexto, la sobriedad digital surge como una posible respuesta.

Redacción
Author: Redacción

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