El verano nunca es tan divertido como nos habíamos imaginado. Nuestro anhelo de felicidad nunca alcanza el paraíso imposible de Instagram. Tras el entusiasmo inicial llega el bajón, que es aquel instante donde el aburrimiento y el calor se confunden. Es entonces cuando el cine francés sale a nuestro encuentro como el espejismo turbio de un mareo por insolación. El cine francés siempre está a nuestro alcance para dar sentido a nuestro aburrimiento. Porque en verano es mucho más honesto aburrirse con una película francesa que intentar divertirse con una comedia familiar de Santiago Segura. El aburrimiento francés no se anda con tonterías, es un aburrimiento con fundamento, un aburrimiento de verdad.
La película “Los últimos días de María Antonieta” como su propio nombre indica, es muy francesa, es aburrida, es teatral (ocurre en un espacio único) pero tiene una cosa buena: no se esfuerza en absoluto por ser veraniega. En la película sale un castillo húmedo, hay cuervos y sobre todo hace mal tiempo, concretamente nubes y claros con previsión de tormenta. El título original es todavía menos veraniego, “Le déluge” (el diluvio), un título más francés si cabe que su traducción española. De hecho el título en español es bastante antipático porque el personaje principal no es ella sino el rey Luis XVI. En el título español hay demasiadas ganas de gustar a esa juventud que no sabe leer números romanos.
Que la cultura popular haya concedido más importancia a María Antonieta que a su marido dice mucho de la personalidad de ambos. El actor Guillaume Canet da vida a un Luis XVI manso y pusilánime. En cambio María Antonieta, interpretada por Melanie Laurent, es realista y decidida. La película describe su cautiverio en la Torre del Temple y sus distintas formas de asimilar la tragedia.
Viendo la película no se entiende la prisa que había por matar a aquel rey de aspecto inofensivo. Por la misma razón que sí se entiende que María Antonieta buscara aliviar su ardor fuera del matrimonio. A primera vista María Antonieta es la persona fuerte mientras su marido se muestra débil y fuera de la realidad. No parece darse cuenta de que están condenados a morir en la guillotina. Precisamente es la actitud ausente del rey lo más atractivo de la película. Porque en sus ademanes melifluos se concentra todo el patetismo de un rey sin corona. A pesar de los esfuerzos de la plebe por despojar al rey de su aura divina, el derrotado delfín de Francia no puede dejar de ser un aristócrata. La película deja clara la distancia insalvable entre la corte y el pueblo, universos paralelos condenados a no entenderse.
Definitivamente “Los últimos días de María Antonieta” lo tiene todo en contra: no es veraniega, ni refrescante, es aburrida y es francesa. Tampoco el argumento es para tirar cohetes. En Francia les gusta hablar de reyes porque son republicanos con sentimiento de culpa, pero en España, que asume una monarquía incierta y no practicante, poco interés despertará la monarquía del vecino. Calculo que la película puede interesar a unas cinco o seis personas en toda Europa, entre ellas algún profesor de universidad, algún historiador de la Revolución Francesa y sin duda al escritor Arturo Pérez Reverte.











