Gracias al cine sabemos que los marcianos visitan con regularidad Nueva York y Los Ángeles. Siguiendo esta lógica es probable que conozcan también La Sagrada Familia o las Casas Colgadas de Cuenca, pero nunca lo sabremos.
La ocultación de grandes secretos de estado es un tema que despierta mucho interés. La gente disfruta sospechando que los gobiernos esconden marcianos en un armario. Esa es la teoría Steven Spielberg en su nueva película “El día de la revelación”. Gracias al director por fin vamos a conocer todos los secretos de los platillos volantes. La gran revelación no ha llegado con la visita del papa León XIV a España, sino con Steven Spielberg que está convencido de que nos abre los ojos a una verdad que salvará al mundo.
Spielberg acusa al gobierno estadounidense de ocultar los encuentros extraterrestres. La película no funciona sólo como una ficción en la pantalla, sino como una hipótesis con pretensiones de veracidad. La autoridad de Spielberg en asuntos marcianos no se discute: ha dirigido 3 películas sobre el tema y es amigo de E.T.
Es habitual que en el cine de Spielberg los poderes del estado se porten regular. Tienen la mala costumbre de ocultar información, amañar informes y cuando aparece un extraterrestre lo primero que hacen es decir: “aquí no ocurre nada”. Se acordarán ustedes de la película “ET”, donde funcionarios de sanidad, vestidos de astronautas, irrumpían en la casa familiar para someterla a una cuarentena. Lo de entrar en el salón ataviado con una escafandra me sigue pareciendo poco práctico. También en la película “Encuentros en la tercera fase” el ejército sometía una zona rural al estado de excepción, evacuando pueblos y cortando carreteras, con el objetivo de ocultar la inminente llegada de una nave extraterrestre.
“El día de la revelación” se toma la revancha contra la censura estatal. La gente se muere de ganas de creer que los marcianos existen. Pero toda revelación exige credibilidad. Por eso, más que nunca, Spielberg tiene un compromiso con su público. Un compromiso para que esa gran revelación resulte convincente. Y aquí empiezan los problemas. Porque se hace cuesta arriba creer en ese pajarito rojo y en la casita de Hansel y Gretel. También sale un ciervo y luego un zorro que parece salido del bosque de Caperucita Roja.
En efecto, queremos creer, pero el malo es Colin Firth, ataviado con un fular y una levita como si fuera un músico de piano-bar. Es el jefe del servicio secreto, una suerte de hombres de negro encargados de evitar que los secretos salgan a la luz. El actor se pasa la película sentado en su sala de control multi-pantalla. Pero no sentado normal, sino como si se hubiera caído de una azotea. Es Von Karajan de resaca. Se hace difícil creer en ese personaje que, desde la primera escena, es como un villano hortera de Marvel.
A la película le cuesta definir su estilo. Hay un estupendo tono de serie B, pero también algodón de azúcar de un cuento Disney. Se diría que son dos películas distintas. Hay un ritmo frenético con fugitivos y persecuciones muy chulas, pero también pausas para la espiritualidad, con esas ventanas bañadas de luz tan del gusto del director, como si la Virgen María hubiera encendido el fluorescente de la cocina. De acuerdo, hacemos un esfuerzo por creer en esa trascendencia, pero de pronto sale una monja hablando por teléfono y nos cuenta un rollo sobre los misterios de la fe. Es la madre superiora de un convento y aparece sin avisar, no la conocemos de nada. Esa monja al teléfono corta el ritmo, es como si nos hubieran colado un chiste de Gila.
Con toda su voluntad reveladora la película consigue algo insólito: ofrecer más dudas que certezas. Empezando por esa suerte de «joystick» marciano muy mal explicado. Hay mil decisiones de guion que más que una revelación son una tontería, por ejemplo la ingenua confianza puesta en los medios de comunicación como voz universal de la verdad. Esa idiotez por si sola ya da que pensar. La película va lanzando preguntas grandilocuentes y las resuelve con respuestas que podría dar Sofía Mazagatos en sus mejores entrevistas, como esa insinuación sobre la paz en el mundo. Lo único que queda claro es que la revelación no será hoy, será mañana. Porque hoy seguimos como estábamos o peor: más confusos, esperando que llegue un primo de ET y nos explique la película.











