Piña, coco, melón y Santiago Segura

Piña, coco, melón y Santiago Segura

Faltan inauguraciones. La gente quiere más. Da igual lo que se inaugure, un hotel en Ibiza o una barbería latina en Pedro Garau. Lo importante es la fiesta. Ahora todo es un evento. Aunque sean cuatro colgados soplando una tarta de cumpleaños en una terraza. Pero si esto es un evento esto no es una terraza, es un beach-club, o peor aún, un sky-bar. Los eventos son la cocaína de la sociedad Instagram. El glamur de la mediocridad. En fin, lo que quiero decir es que ha llegado el verano.

Para saber que es verano la gente necesita que la avisen. Durante años el posado playero de Ana Obregón inauguraba el verano. Con Obregón apartada de las portadas Santiago Segura es el nuevo pregonero vacacional. El silbato del verano. Su puntual comedia estival (pronto en cartelera) es lo que al cine la barbacoa de Georgie Dann.

Este artículo a tono con Santiago Segura también es una fiesta. Una ensalada de chiringuito. Tres películas. Tres estrenos. Tres propuestas multicolor como los tocados frutales de Carmen Miranda.

El Jockey

Si me preguntan por Argentina me vería obligado a decir las mismas memeces que respondió una guapa modelo cuando se le preguntó lo que sabía de Rusia. Dubitativa, la modelo respondió como pudo: es un país precioso con una gente maravillosa, dijo. Una respuesta que ha pasado a la historia de las malas respuestas. Admitamos que la ignorancia de aquella chica es también la nuestra, pero a nosotros la pregunta nos pilla en casa y a ella la pilló en bañador, sobre un escenario, intentando ganar el certamen de Miss España.

De Argentina sabemos que bailan tango y van a terapia. Del cine argentino, en cambio, no sabemos nada salvo que Ricardo Darín está en todas partes. Tal vez la virtud del cine argentino sea el olvido. Una hipótesis que podría ser cierta si no fuera por Ricardo Darín. En “El jockey” no bailan tango, pero bailan todo el rato y no van a terapia, pero no estaría mal que un psicólogo nos diera su opinión. Visto así “El jockey” tiene cualidades tan argentinas que la película se olvida en un suspiro.

A primera vista “El jockey” no engaña, trata sobre un jockey con problemas. Un famoso jinete en horas bajas y asuntos pendientes con la mafia. Entonces aparece Úrsula Corberó y se pone a bailar raro. Hay música tecno, canciones de Gardel, una carrera de caballos, pero no se entiende nada. De pronto el asunto va de otra cosa, pero yo sigo pensando en Úrsula Corberó. Qué puñetas hace Úrsula Corberó en Argentina. La crítica compara “El jockey” con la frialdad escandinava de Aki Kaurismäki. Desde luego “El jockey” quiere ser una película rara. Lo raro siempre gana la partida porque nunca sabes si lo que estás viendo es una mierda o es raro a propósito. En este caso, no hay duda, es lo primero.

Cómo entrenar a tu dragón

Hace unos años ya entrenaron a este dragón en una película de animación. Aquel dragón era el original. La película pionera. Lo que se estrena ahora es una adaptación en imagen real. Es curioso: la película de animación parecía real y la real parece artificial. Dos películas idénticas que parecen encontrarse incluso en sus diferencias. Las mismas escenas. Los mismos diálogos. El mismo director. La pregunta es obligada: ¿para qué repetir una película en la que no cambia nada? Probablemente la respuesta soy yo. Es decir, captar público nuevo. Yo soy de los que todavía no había visto la película original y ahora he visto las dos versiones.

Si a usted le ha ocurrido lo mismo entonces DreamWorks ha dado en el clavo. La película original hablaba de la falta de entendimiento entre humanos y dragones. Hablaba sobre los muros de incomunicación que levanta el miedo. Esta segunda versión habla de lo mismo pero el mensaje que deja es muy distinto: hacer caja. Mientras usted y yo nos quejamos inútilmente de que muchas películas son repeticiones, alguien en Hollywood se está forrando.

Tres kilómetros al fin del mundo

“Tres kilómetros al fin del mundo” forma parte de lo que ahora se denominan películas necesarias. Un adjetivo cursi pero muy socorrido entre los críticos. Una película necesaria es aquella que señala una injusticia y que además tiene la esperanza de influir socialmente sobre el problema. Son las películas preferidas de los que siguen esperando que la cultura cambie el mundo. Los mismos que piensan que leer libros mola más que jugar a petanca.

Personalmente no comulgo con el cine social. No espero que el cine cambie nada. Me gusta “Tiburón” precisamente por innecesaria. “Tres kilómetros al fin del mundo” nos muestra la violenta homofobia en Rumanía. Un fanatismo arraigado en la ignorancia y una tradición mal entendida. Lo que cuenta el director Emanuel Parvu es alarmante. Se agradece su denuncia, pero no me interesa. Una película que se despoja de todo artificio para garantizar su valor como documento. Una sucesión de planos fijos de pocas palabras, menos emoción y ninguna música. Una película que consigue ser tan necesaria como poco atractiva.

Perico Gual

Mostra Calvià
La Voix humaine, de Poulenc
phof
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