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Ridley Scott: el director que se proclamó emperador

Ridley Scott: el director que se proclamó emperador

“Napoleón” ha empezado con mal pie. Era uno de los estrenos más esperados del año. Una película grande, dirigida por un director grande sobre uno de los militares más importantes de Europa. Casi nada. Pero las opiniones que está cosechando no están a la altura de tanta grandeza. No parece un buen principio que lo más comentado de “Napoleón” sean sus errores históricos. La película ha agitado el avispero de los eruditos que se rasgan las vestiduras con las libertades que se ha tomado Ridley Scott. Tampoco ayuda la actitud del director inglés que presume de haber rodado sin documentarse. Scott declara sin complejos que no ha leído biografía ni ensayo alguno sobre Napoléon. De hecho admite, sin despeinarse, que su única fuente de inspiración han sido los cuadros de pintores de la época.

Algunos errores de “Napoleón” alcanzan la categoría de disparate. Como la escena de los cañones franceses disparando contra la Pirámide de Kefren. Una escena inexplicable conociendo la devoción de Napoléon por Egipto. Preguntado por dicha escena el director respondió que incluirla le parecía divertido. No ofende tanto el error como la arrogancia.

Pero no nos pongamos tan estupendos y admitamos que al gran público la fidelidad histórica le importa un rábano. No pequemos de cursis y seamos honestos: ¿era realmente Marruecos tal y como se describe en “Casablanca”? ¿alguien puede asegurar que “Ben Hur” representa con fidelidad el Imperio Romano? Dudo que el magnate William Randolph Hearst se viera reflejado en el retrato que hizo de él “Ciudadano Kane”. Tampoco “Gladiator” parece ser muy rigurosa. Para el cine la verdad nunca ha sido un requisito, más bien al contrario su gran virtud es convertir la ficción en algo creíble.

Aunque parezca lo contrario este texto no es una defensa de la película. “Napoléon” es una mala película. Personalmente no me importan tanto los patinazos históricos como que me cuenten una historia entretenida. Lo esencial de cualquier película es despertar el interés del espectador. Contar algo que enganche. Ese es precisamente el gran error de “Napoléon”. Una película absolutamente plana donde las cosas ocurren sin ton ni son. Ridley Scott es incapaz de captar la atención ni provocar emociones. No hay narración. “Napoléon” responde literalmente a la fuente de inspiración pictórica asumida por su director, es decir: una colección de imágenes estáticas, por no decir muertas, que se suceden de forma episódica como un largo anuncio de El Corte Inglés.

A primera vista no faltaban motivos para encontrar pasión y tragedia en una época tan convulsa como la Revolución Francesa. Pero Scott reduce el Imperio Napoleónico a una secuencia de fotomatón. A pesar de su apariencia megalómana, “Napoleón” es para Scott un proyecto más. Un producto financiero. Su firma se ha convertido en una empresa que fabrica películas con un barniz autoral. Un posicionamiento muy similar al de Steven Spielberg. Actualmente la franquicia de Scott tiene en marcha más de 20 proyectos, entre ellos el inminente estreno de la segunda parte de “Gladiator”.

En 1977 un joven Ridley Scott estrenaba “Los duelistas”, a la que siguieron “Alien” y “Blade Runner”. La Santa Trinidad hecha cine. Algo de milagro bíblico había pues desde entonces todo ha ido a peor. ¿Qué le ha ocurrido a Ridley Scott?. No puedo dejar de darle vueltas a “Thelma y Louise”, esas dos mujeres que escapan de sus malvados maridos. En aquella rebelde huida por carretera parecen descubrir la felicidad pero deciden suicidarse. Con semejante tontería empezó el desastre.

Perico Gual

Perico Gual

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