Stanley Kubrick en el planeta Arrakis

Stanley Kubrick en el planeta Arrakis

La película no está mal, pero es mejor la novela. Supongo que muchos de ustedes han escuchado esta irritante frase más de una vez. Una opinión que da a entender que el cine es un arte menor a la sombra de la literatura. Con el paso del tiempo este punto de vista ha perdido sentido. Ni el más pedante se atreve hoy a pronunciar semejante tópico. El cine actual ha conquistado su autonomía y en muchas ocasiones ha superado con creces a la literatura.

Pocas películas surgen de una idea original. La mayoría beben de otras fuentes: novelas, teatro, cuentos, incluso cómics. Pero eso no las convierte en un subproducto. Muy al contrario, puede ocurrir que una película sea mucho mejor que la novela en la que se inspira.

En 1965 Frank Herbert publicó la novela “Dune”. Una colosal epopeya sobre imperios galácticos. Era inevitable que una historia tan extensa se convirtiera en una saga que actualmente abarca más de una docena de libros. En los años ochenta el director David Lynch, por encargo de Dino de Laurentiis, fue el primero que logró adaptar “Dune” a la pantalla grande. Como suele ocurrir en la cultura pop muchos espectadores (entre los que me incluyo) descubrieron la película antes que la novela.

La película de Lynch era ambiciosa, pero resultó un fracaso. A pesar de una faraónica producción y sus majestuosos decorados no logró conectar con el público. Era una película recargada, casi operística, con un guion farragoso lleno de monólogos. Entre sus aciertos Lynch logró captar el espíritu esotérico de “Dune” pero olvidó algo esencial en una historia épica: la aventura.

Así llegamos al nuevo “Dune” de Denis Villeneuve que ahora presenta (por fin) su segunda parte en unos años difíciles para el cine, vapuleado por la pandemia y la huelga de actores. El director canadiense se aleja del barroquismo de Lynch para centrarse en su propio imaginario, aquel en el que soñó (según propias declaraciones) al leer la novela. Una adaptación mucho más dinámica que rompe con la teatralidad de Lynch y sobre todo coloca en primer plano el desierto del planeta Arrakis. Un inabarcable paisaje de viento y arena. La pantalla se llena de tonos ocres de inspiración árabe. Villeneuve customiza el desierto y sus habitantes al más puro estilo magrebí, recuperando para el pueblo Fremen la espiritualidad islámica de las novelas de Herbert.

Nadie como Villeneuve para integrar los efectos digitales en entornos realistas. Se hace difícil distinguir lo digital de la imagen real. Gracias a estos avances el nuevo “Dune” dignifica a una de las criaturas principales que habitan Arrakis, los gusanos gigantes del desierto, que en la película de Lynch parecían enormes ganchitos de cumpleaños. Denis Villeneuve continúa su ascenso hacia el olimpo del cine con mayúsculas. Un arquitecto de la imagen de composición pictórica cuya elegancia visual es equiparable a la precisión quirúrgica de Stanley Kubrick. Un espectáculo digno de verse en pantalla grande.

Seguirán existiendo puristas literarios que defiendan la novela por encima del cine. Sin embargo la adaptación de “Dune” de Villeneuve es impecable. Además no hay que olvidar que leer un libro es una cosa, ver una película otra y comerse un bocadillo de panceta otra. Si existe un libro sobre bocadillos de panceta a mi no me interesa.

Perico Gual

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore