Los tatuajes son para el verano

Los tatuajes son para el verano

En verano, ya se sabe, hace calor. Un fenómeno estacional que se repite cada año, pero que la gente experimenta como si fuera la primera vez. No deja de ser curioso que llamemos buen tiempo a los días soleados y mal tiempo a los lluviosos y sin embargo nos quejemos del calor.

Como cada año llega el verano con su derroche de calor y vulgaridad. De hecho la vulgaridad ha subido mucho más que la temperatura. Playas abarrotadas de gente y de tatuajes. Tal vez más tatuajes que gente. Definitivamente el verano no es buen momento para el cine. Al menos para el buen cine. Intentando evitar comedias chuscas, superheroínas empoderadas y dibujos animados, el lector encontrará seguidamente tres propuestas que, cuanto menos, esquivan la vulgaridad.

“Los indeseables”

El director Ladj Ly, francés de origen maliense, se mueve en el activismo y la guerrilla urbana. Todas sus películas hablan de los conflictos en los barrios marginales de París llamados “banlieues”. Su primera película “Los miserables”, que obtuvo el premio del jurado de Cannes, hablaba de los violentos enfrentamientos entre la policía y pandilleros en el distrito de Montfermeil, más concretamente de las barriadas de Les Bosquets donde el director residió. El título de la película era una inteligente analogía que relacionaba la precaria situación de las clases desfavorecidas con la novela homónima de Victor Hugo, autor que también vivió en Montfermeil.

En “Los indeseables” Ladj Ly vuelve al extrarradio parisino, pero esta vez se aleja de la revuelta callejera para combatir desde las propias instituciones. El director parece asumir la ineficacia de la revuelta urbana que parecía defender en “Los miserables” y apuesta por una lucha desde dentro del sistema. Si el cine de Ladj Ly se entiende como instrumento de reivindicación, “Los indeseables” es una evolución política desde la violencia hacia métodos más civilizados. Paradójicamente “Los indeseables” resulta más aburrida que “Los miserables”, entre otras cosas porque las batallas campales captan más fácilmente la atención del espectador que la burocracia administrativa. Ambas películas demuestran que Ladj Ly se mueve mejor en la calle que en los despachos.

“Un lugar tranquilo. Día 1”

Hace ya unos años la película “Un lugar tranquilo” fue toda una sorpresa dentro del género de invasiones marcianas. Una película que llegó sin hacer ruido y que precisamente hablaba de monstruos alienígenas muy sensibles al ruido. El más leve sonido ponía en alerta a unas criaturas violentas que arrasaban con todo. El matrimonio protagonista debía mantener un silencio absoluto para no ser descubierto. Una película muy entretenida que mantenía una tensión constante. Su director, John Krasinski repitió la fórmula con una segunda parte que ya no contaba con el efecto sorpresa de la primera.

Ahora se estrena “Un lugar tranquilo. Día 1” que, como su nombre indica, debería contarnos cómo empezó todo. Pero la película no explica nada y todo es más de los mismo. Los marcianos caen del cielo dejando largas estelas de fuego y cuando tocan tierra hay que echar a correr. Si la segunda parte ya era floja esta precuela es directamente innecesaria, a pesar de que la saga, lejos de fracasar, refuerza con cada entrega su carácter de franquicia.

“Testament”

El veterano Denys Arcand es una suerte de Woody Allen canadiense. Su cine se caracteriza por su mordaz crítica social. El director se dio a conocer, hace más de 40 años, con “El declive del imperio americano”, una película donde varios matrimonios se explayaban charlando sobre sexo. Una divertida radiografía de los estereotipos sexuales y de las eternas discrepancias entre hombres y mujeres. En la España de los años ochenta, recatada y conservadora, debió resultar una modernidad la naturalidad con la que se aireaban las intimidades.

“Testament” es la respuesta, discreta pero indignada, divertida pero cáustica, de Denys Arcand contra las políticas progresistas de la sociedad occidental. El conocido como pensamiento “woke”. El mundo se ha vuelto tan ridículo que Arcand lo ha tenido fácil para lograr el tono de comedia. Su protagonista, un flemático anciano que vive en una residencia, contempla con resignación la histeria social que le rodea. Arcand reúne en dos horas las absurdas obsesiones de la sociedad moderna: feminismo, ecologismo, vida saludable, incluso se atreve a mencionar con ironía el cambio climático. Eso sí que es ser valiente.

Perico Gual

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