El museo Les Abattoirs de Toulouse presenta desde el 3 de octubre de 2026 hasta el 7 de marzo de 2027 una muestra inédita que explora la faceta más contestataria de Joan Miró. Bajo el título Protestation, la instalación reúne casi doscientas obras para demostrar cómo el artista convirtió la creación en un acto de resistencia política y estética.
La destrucción de la pintura tradicional
La trayectoria de Joan Miró refleja una pugna constante contra los códigos establecidos. La exposición toma su nombre de un panfleto crítico repartido por Louis Aragon y André Breton en 1926 durante el ballet Roméo et Juliette, producción de Serge de Diaghilev para la que el pintor diseñó el vestuario. A partir de este hito, el recorrido cronológico ilustra la voluntad del autor de «asesinar» su propio medio. Este impulso se traduce en el uso de materiales poco convencionales, como telas sin tratar o papel de lija, llegando incluso a quemar los lienzos.
Durante el periodo marcado por la Guerra Civil y la dictadura franquista (1936-1975), la obra adquiere un tono de disidencia frontal. La austeridad visual, la deformidad de los cuerpos y la brutalidad de las formas evidencian la necesidad de desmitificar el arte hegemónico y convertir el cuadro en un espacio de combate.
Redes de disidencia y colaboración
Lejos del mito del genio aislado, la exposición destaca la capacidad del artista para tejer alianzas con nuevas generaciones de creadores comprometidos políticamente. El recorrido incluye los tapices monumentales creados en los años setenta junto al artista textil Josep Royo en la fábrica de La Farinera en Tarragona.
La muestra también expone el vestuario de la pieza teatral Mori el Merma, fruto del trabajo conjunto con la compañía escénica catalana La Claca en 1976. Esta obra, inspirada en la sátira Ubu roi de Alfred Jarry, caricaturiza la figura del dictador Francisco Franco a través de una estética grotesca. Las proyecciones del cineasta Pere Portabella completan este eje. Las películas documentan unas acciones artísticas colectivas cargadas de solidaridad y oposición antiautoritaria.
De la vanguardia al estudio mallorquín
El desarrollo de este lenguaje disruptivo se entiende a través de los espacios vitales del creador. Tras unos inicios figurativos vinculados a los paisajes de la localidad tarraconense de Mont-Roig del Camp y del impacto del cubismo y el fauvismo en París, el pintor regresa a España en 1940. A partir de ese momento, consolida su residencia entre Cataluña y Mallorca.
En la capital balear, durante la década de los cincuenta, el arquitecto Josep Lluís Sert proyectó su estudio definitivo. Este espacio resultó fundamental para la gestación de las obras tardías que acabarían subvirtiendo definitivamente la pintura académica.












